Esculturas urbanas que adornan la CDMX

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El diseño citadino es un factor que se puede admirar desde cualquier ángulo, y gran parte de esta estética urbana se la debemos a ingenieros, arquitectos, muralistas y principalmente a escultores, por ser los intérpretes de nuestra ciudad. La escultura es un arte muy antiguo en México, se aprecia desde las primeras culturas prehispánicas donde se encarnaba a manera de dioses a las fuerzas de la naturaleza. Hoy en día éstas se siguen admirando en cada cruce de avenida, parque o camellón donde innumerables artistas nos han permitido embellecer nuestras calles y darles un significado.

Además, todas estas figuras imaginadas en una ciudad, pueden fungir como importantes símbolos culturales, ya que además de su calidad monumental -que en algunas ocasiones celebra hechos históricos-, sirven como espejos de nuestra identidad, reflejos de nuestros mitos y nuestra realidad colectiva. 

Así que para mantener presente a todas estas significativas esculturas, te presentamos algunas de las más emblemáticas de tu ciudad, excluyendo por el momento las consideradas como monumentos.

  • El Cárcamo

En la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec, se encuentra un edificio conocido como el Cárcamo de Dolores, construido en 1951. Está formado por 3 atributos: el edificio, el mural El agua: origen de la vida en la tierra de Diego Rivera y la Fuente de Tláloc. Todas ellas forman una enigmática escultura que asemeja un laberinto, un trabajo sumamente detallado creado a base de mosaicos.

  • Exposición escultórica de Jorge Marín

En el paraje del Paseo de la Reforma existe una serie de símbolos que denotan los avances de una ciudad inteligente. Banquetas amplias, jacarandas, bancas fuera de lo común y extraordinarias esculturas es lo mínimo que encontramos aquí. La exposición de ángeles de bronce realizados por Jorge Martín son algunas esculturas que ornamentan a este gran cauce urbano, y que en su conjunto manifiestan la posibilidad de que las calles se conviertan en un museo. 

  • La Giganta

El museo José Luis Cuevas alberga una figura de 8 metros y medio y 8 toneladas elaborada de bronce. Su nombre es La Giganta y retrata a una genial obra andrógina amorfa que muestra por el frente, la cara de una mujer, mientras que el extremo posterior la de un hombre. Las ataduras de la indumentaria transparente se han “desatado” de piernas y brazos para dar paso a la libertad femenina que con la espléndida iluminación nocturna que recrea sombras y destellos, pareciera que La Giganta avanza hacia la puerta.

  • El Paraguas 

Situada dentro del Museo Nacional de Antropología, se erige una inmensa columna de 28.70 metros con gran historia, pues sobre ella se encuentran tallados impresionantes relieves de bronce que simboliza la unión entre dos culturas. En ella podemos figurar las imágenes de: un águila (escudo nacional), los rostros de un indio y un español, el árbol de ceiba, el sol naciente, la espada (símbolo de conquista) y a los guerreros naguales del águila y el jaguar; por el otro extremo encontramos la insignia de un átomo, la paloma de la paz, el sol poniente y los pies de los mismos naguales. 

  • El Caballito

Un trabajo del escultor Enrique Carbajal, una gran pieza abstracta creada para elogiar al antiguo monumento El Caballito que se encontraba ahí, y que fue movida a la Plaza Manuel Tolsá frente al Palacio de Minería. Es una obra muy emblemática para los capitalinos pues se encuentra justo en el Paseo de la Reforma.

  • Escultura del Chapulín 

Como muchos animales, los chapulines son un símbolo místico de nuestra cultura, una representación nagual de nuestros ancestros. En Chapultepec especialmente abundan mucho y es aquí donde encontramos algunas imágenes de ellos. La escultura del chapulín es muy pequeña y sin embargo valiosa para aquellos que gustan de admirar los mínimos detalles.

  • La Diana Cazadora 

Esta escultura representa a la diosa Artemisa, como deidad de la caza y los animales salvajes. La Diana Cazadora o flechadora de las estrellas del norte fue creada por Juan Fernando Olaguíbel. A sus pies se desborda un gran fontanal de tres aros que luce pigmentos multicolor al atardecer. La musa de esta pieza fue una chica de 16 años que trabajaba para una oficina de Petróleos Mexicanos dirigida por Vicente Mendiola, entonces amigo del escultor de la pieza, Juan Fernando Olaguíbel.

 

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