La maravillosa historia de la colonia Roma

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Un recorrido por la historia y las maravillas de este paradigmático barrio…

 

La colonia Roma es uno de los barrios más paradigmáticos de la CDMX, sin embargo, a pesar de que muchos la conocen, y cotidianamente pasan frente a la Fuente de Cibeles o a la avenida Álvaro Obregón, pocos han reparado en su interesante historia y han volteado a ver aquellos recovecos inadvertidos que están desperdigados por todo el lugar y que vale la pena, aunque sea, visitar con la mirada.

El recorrido que proponemos, podría empezar con la nomenclatura de las calles del barrio. Según sostienen algunos expertos, las arterias de la Roma se llaman así debido a las giras del famoso Circo Teatro Orín, un espectáculo que era la sensación en la sociedad porfiriana gracias al payaso inglés Richard Bell, que además de arrasar en la Ciudad de México, cada seis meses se presentaba en el interior de la República con gran éxito.

Se dice que fue en Orizaba, Zacatecas, Tuxpan y Medellín donde más aplausos recibió y por eso llamaron a las arterias de la zona así. Sin embargo, este dato no se sabe con certeza, es sólo un rumor a voces, que ha corrido por el tiempo y se impone a otras versiones.

Lo que sí se sabe es que la historia de esta colonia se remonta a principios del siglo XX y que antes de ser parte de la ciudad, esta zona se llamaba Romita. De acuerdo a algunos relatos de 1900 era un sitio alejado de la civilización que estaba lleno de potreros y casuchas habitadas principalmente por obreros, no obstante, su diseño actual empezó a planearse en 1903 cuando el político Pedro Lascuráin, adquirió una serie de terrenos y mandó a construir un fraccionamiento lejos del hacinamiento del Centro Histórico, para que la clase alta pudiera vivir lejos de la pobreza que había en colonias aledañas al Zócalo.

Para la construcción de dicho fraccionamiento se usaron los principios arquitectónicos más impresionantes de la época. Se puso pavimento en las calles, se hicieron avenidas de doble carril, las arterias contaban con alumbrado público y hasta se llamó a la Casa Gabelich México para que le pusiera una herradura especial a todos los inmuebles.

Esta compañía especializada en herrería, estaba ubicada en la Doctores, y era tan elegante que incluso fue la responsable de diseñar las monumentales rejas de la Sagrada Familia, un templo neogótico edificado en 1906 que fue la primera gran atracción de la Colonia Roma, porque durante su construcción no se escatimaron gastos, y hasta se mandaron traer los vitrales de Italia.

Basta poner un pie adentro del templo para contemplar la gloriosa arquitectura que tiene, que como todas las construcciones porfirianas, cuenta con enormes influencias europeas y rescata con materiales del siglo XX la estética de iglesias tan importantes como la de Notre Dame en París. Además, de la belleza de sus muros, el Templo de la Sagrada Familia conserva en su interior una colección de pinturas sacras que pintó un jesuita anónimo.


Imágenes: MXCity.

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