La Ciudad de México funciona mejor con niños de lo que parece: es una capital con zoológicos gratuitos, bosques enormes dentro de la ciudad, museos diseñados para tocar las cosas y un sistema de transporte barato donde los menores de cinco años no pagan. Lo que hay que administrar no es la oferta, sino la distancia y la altitud.
Las tres reglas que cambian el viaje. Primero, una actividad fuerte por día y nada más: los traslados consumen más tiempo del que se calcula. Segundo, agrupa por zona —Chapultepec en un día, Coyoacán y el sur en otro, Xochimilco en otro— y no cruces la ciudad dos veces el mismo día. Tercero, la ciudad está a más de 2,200 metros de altura: los primeros dos días conviene ir más despacio, con agua a mano, gorra y bloqueador, porque el sol pega fuerte aunque la temperatura sea templada.
Por dónde empezar. El Bosque de Chapultepec resuelve un día completo: lago con lanchas de pedales, zoológico de entrada libre, el castillo en lo alto del cerro y el Papalote Museo del Niño a unos pasos. Xochimilco y un paseo en trajinera es la otra apuesta segura —se contrata por hora y por embarcación, no por persona—, y desde el embarcadero de Cuemanco se llega a la parte tranquila de los canales, con garzas y chinampas en lugar de bocinas. Para días de lluvia, los museos interactivos y los centros de juegos bajo techo; para tardes de energía sobrante, los deportivos públicos, que cobran cuotas simbólicas.
Logística con carriola. El Metro es rápido y barato, pero en hora pico (07:00–09:00 y 18:00–20:00) no es lugar para una carriola; en esas franjas conviene taxi de aplicación. Muchas banquetas del Centro son estrechas y desniveladas: una mochila portabebé funciona mejor que una carriola grande en el casco histórico. Casi todos los museos tienen tarifa reducida o entrada libre para menores, y los domingos varios museos públicos no cobran entrada a residentes, lo que llena las salas: si viajas con niños pequeños, un martes por la mañana es mucho más cómodo.
Comida. No hace falta renunciar a los mercados: casi todos tienen fondas con comida corrida —sopa, plato fuerte y agua fresca— que los niños aceptan sin problema, y siempre hay quesadillas sin chile. Pide la salsa aparte, lleva fruta para el camino y ten presente que en muchos restaurantes la cocina abre tarde: la hora mexicana de la comida son las 14:00.


