El grandioso Zócalo fue el ágora del Templo Mayor de Tenochtitlán; de las ruinas de sus palacios y templos, se construyeron nuevos palacios y nuevos templos, pero esta vez, cristianos, los mercados continuaron y la ciudad siguió creciendo. Se levantaron grandes mansiones, comercios y colegios, pero afortunadamente el Centro continuó siendo histórico y monumental. Hoy los elegantes palacios son museos, hoteles y comercios.
La antigua Tenochtitlán pugna por resurgir de entre las piedras y puede verse junto a la Catedral, en el Palacio Nacional y donde se quiera excavar en el Zócalo. La historia de México la cuenta Diego Rivera y la cuentan las piedras. El que México esté en una laguna resulta obvio observando cómo tantos edificios desafían la gravedad con su inclinación; sin embargo, el centro no se hunde: se mueve, se acomoda.
Los citadinos continúan llegando a celebrar, protestar, divertirse, hacer sus compras y pasear. Comparada con cualquier otra metrópolis, lo extraordinario en la Ciudad de México es que no hay engaño, es tal cual se ve. No hay ilusiones, ni espejismos para los turistas, los paseantes no son figurantes. San Judas está en la calle, igual que la Santa Muerte, las vendedoras de tlayudas y los tacos de canasta, los boleadores, las cantinas, los mercados populares, la lucha libre y los escribanos. Todo es real, todo es cotidiano.
Qué estás recorriendo. El Centro Histórico es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1987, en la misma declaratoria que Xochimilco, y concentra la mayor densidad de museos, templos y edificios catalogados del país. Su gracia es que está construido en capas sobre el mismo suelo: el Templo Mayor y el recinto ceremonial de Tenochtitlan, la ciudad virreinal sobre sus piedras, los palacios porfirianos del siglo XIX y los edificios del siglo XX que remataron el conjunto. Por eso se camina: en cuatro cuadras cambias de época varias veces.
Cómo organizar el recorrido. El eje natural es el Zócalo, con la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional y el Templo Mayor en la misma esquina. De ahí salen rutas claras: hacia el poniente, Madero —peatonal— hasta la Torre Latinoamericana, el Palacio de Bellas Artes y la Alameda Central; hacia el norte, Donceles y Santo Domingo con sus portales de escribanos y las librerías de viejo; hacia el sur, Regina y San Jerónimo, también peatonales, con cafés y bares; hacia el oriente, La Merced y su mercado, el barrio más popular y bullicioso del conjunto. La calle Tacuba concentra museos pequeños: el del Perfume, el del Ejército y, en la misma acera, el Museo Nacional de Arte.
Consejos prácticos. La mayoría de los museos cierra los lunes: si solo tienes un día, que no sea lunes. Las mañanas son las mejores para fotos y para entrar a los templos sin multitud; a partir de media mañana el Centro se llena de ambulantes y grupos. Cuida tus pertenencias en las aglomeraciones del Zócalo, Madero y La Merced, y usa taxi de aplicación por la noche. Revisa si hay evento o manifestación en el Zócalo el día de tu visita, porque se cierran accesos.
Cómo moverse. El Centro está servido por cuatro líneas de Metro: Zócalo-Tenochtitlan y Allende (línea 2), Bellas Artes (líneas 2 y 8), Pino Suárez (líneas 1 y 2), Isabel la Católica y Salto del Agua (línea 1), San Juan de Letrán (línea 8). Dentro del perímetro todo se hace a pie: muchas calles son peatonales o de tránsito restringido, y el coche es un estorbo.